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¿Por qué son saciantes las dietas ricas en proteínas?

Un equipo de científicos franceses ha identificado el conjunto de señales moleculares que conectan el intestino y el cerebro y generan la sensación de saciedad que hace que paremos de comer, y han comprobado que los alimentos con proteínas son una pieza clave del mecanismo.

Durante la digestión, los alimentos se transforman en sustancias más sencillas para ser absorbidas y se da el proceso de gluconeogénesis, es decir, la formación de glucosa, ‘la gasolina’ de las células. “Esta es captada por receptores de glucosa de la vena porta, cerca del intestino, que envían una señal al cerebro que hace que la sensación de hambre desaparezca”, explican los autores de este trabajo, del que se hace eco la agencia SINC. Tras una comida rica en proteínas, las moléculas derivadas de su digestión se liberan al torrente sanguíneo e inhiben los receptores mu opioides que están en las paredes de la vena porta.

Así es cómo se genera la saciedad tras una dieta proteica, rica en carne roja y blanca, pescado, huevos y algunos vegetales. “Hasta ahora se desconocía que los receptores mu opioides (MORs) del sistema nervioso del intestino y la vena porta eran quienes regulaban la sensación de hambre”, señala Gilles Mithieux, investigadora de la Universidad de Lyon y coautora del trabajo. Los investigadores esperan que su trabajo sirva para mejorar el tratamiento de la obesidad en un futuro no muy lejano.
Fuente: MuyInteresante.es

Una copa diaria de vino tinto mejora la flora intestinal.


Aunque ya se sabía que una copita de vino tinto no hace daño a nadie, por primera vez se han comprobado experimentalmente y `en vivo´ sus efectos beneficiosos. La investigación, que se publica en la revista American Journal Clinical Nutrition, revela que el consumo moderado de vino mejora la microbiota intestinal.    

Los científicos, del Centro de Investigación Biomédica en Red-Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBERobn), hicieron un seguimiento durante veinte días a diez hombres a los que se pidió que incluyeran una copa diaria en su comida. "Los dividimos en tres grupos: uno ingiriendo vino tinto, otro tinto sin alcohol -ambos con el mismo contenido en polifenoles-, y un tercer grupo de control con igual cantidad de alcohol pero en forma de ginebra", explicó Francisco J. Tinahones, uno de los autores. "Observamos que tanto el vino tinto como el tinto sin alcohol mejoraron la flora intestinal de los voluntarios, incrementando el número de bacterias relacionadas con la protección de determinadas enfermedades, concretamente aumentaron la proporción en heces de bacteroidetes y bifidobacterias, algo que no sucedió con la ginebra".

Según los autores, este efecto beneficioso se debe a los polifenoles, unos compuestos presentes en determinados alimentos y bebidas como fruta, verdura, vino, café, té y chocolate, con numerosos efectos beneficiosos sobre la salud.

Además, los beneficios del vino no solo se manifestaron en la flora intestinal. "Comprobamos que el vino tinto redujo los niveles de triglicéridos, de colesterol `malo´, los marcadores de inflamación y la presión arterial", afirmó Tinahones.